Hay rodeos que se corren por los puntos, por la clasificación o por la gloria de quedarse con una escarapela. Y hay otros que, sin dejar de lado la competencia, tienen un sentido mucho más profundo. El que organiza cada año la Corporación “Miguel Ángel Galilea” en Paillaco pertenece a esta última categoría.

Este sábado 5 de septiembre, la medialuna “Adolfo Melo Arens” volvió a llenarse de caballos, huasos, familias y amigos para dar vida a una verdadera fiesta de campo. Cerca de 50 colleras llegaron hasta el recinto paillaquino para participar de una jornada que, como ya es tradición, sirve también como una suerte de primer pullazo para la temporada grande en la zona sur y más aún dar bienvenida al Mes de la Patria.

Pero detrás de cada carrera hay una historia. Y detrás de este rodeo, una amistad que se transformó en compromiso. Es que la Corporación “Miguel Ángel Galilea” nació hace doce años, luego de la partida de Miguel Ángel Galilea Gallardo, recordado huaso y corralero paillaquino, fallecido en 2014 tras un accidente. Sus amigos más cercanos quisieron mantener vivo su recuerdo y, al mismo tiempo, tender una mano a su familia, su viuda e hija, para luego ayudar a quienes más lo necesitan.

Don Gonzalo, padre de Miguel Ángel, en sus atenciones habituales

“Partió por la idea de un grupo de amigos cuando tuvimos la pena grande de que se nos fue nuestro querido amigo. Decidimos hacer un rodeo a beneficio para su familia”, recuerda Mauricio “Wicho” Stolzenbach, presidente de la corporación.

De aquella primera iniciativa surgió posteriormente la organización formal de la Corporación “Miguel Ángel Galilea”, impulsada por familiares y amigos, con una finalidad que se mantiene intacta hasta hoy: ayudar a personas vinculadas al mundo del rodeo que atraviesen por una enfermedad, un accidente, la pérdida de su vivienda u otra situación de necesidad.

El mecanismo es sencillo, pero significativo. De lo recaudado en las actividades de la corporación, un 30% se destina a Cati, hija de Miguel Ángel, mientras que el 70% queda disponible para apoyar, caso a caso, a quienes requieren una ayuda.

Mauricio “Wicho” Stolzenbach junto a su haijada, Katy, la hija de Miguel Ángel y Mariana

Un rodeo entre amigos

Con el respaldo del Club de Rodeo Chileno El Copihue de Paillaco, que facilita las instalaciones de la medialuna, el casino y el resto del recinto, la organización volvió a sacar adelante su tradicional encuentro.

Desde temprano comenzó a sentirse el ambiente. A las nueve de la mañana se puso en marcha un rodeo que, aunque tiene un carácter promocional, se desarrolla prácticamente con todos los ingredientes de una competencia formal. Jurados, secretario y reglamento de corridas de vacas acompañaron una jornada en la que 47 colleras corrieron tres toros para definir a las diez que avanzarían al cuarto y definitorio animal.

El ganado, otro de los puntos altos de la jornada, fue facilitado por los ganaderos Germán Hott Kroll, Gonzalo Lobos Meza y Carlos Aichele Sommer, además del aporte realizado por la propia familia Galilea.

Y así, entre buenos novillos, cuecas, comida y conversaciones de medialuna, la fiesta fue tomando forma.

“Lo principal es compartir con los amigos”, resume Wicho Stolzenbach, dando cuenta de un espíritu que explica por qué hasta Paillaco llegan participantes desde distintos puntos del sur, vinculados a asociaciones y clubes diferentes.

Temuco, Llanquihue, Los Muermos, Osorno, La Unión, Los Lagos, Río Bueno y, por supuesto, Paillaco, fueron algunos de los lugares representados en una jornada que volvió a reunir a esa gran familia corralera sureña.

Colleras de distintas localidades de la zona sur llegaron a la pichanga de la Corporación

Vista Volcán se quedó con el honor

En lo deportivo, el triunfo fue para el criadero Vista Volcán, con Ricardo Álvarez y Matías Sazo, montando a Boca Seca y Nunca es Mucho, que se impusieron con 32 puntos buenos, quedándose con las escarapelas de los campeones de esta duodécima edición.

El segundo lugar fue para los hermanos Fernando y Jorge Gómez, quienes totalizaron 27 puntos. Más atrás se produjo un triple empate con 21 unidades, que por razones de tiempo debió resolverse al “cachipun”, quedando finalmente en esa posición Gastón Rademacher y Gabriel González.

El propio Stolzenbach también estuvo cerca de la definición, sumando 18 puntos, aunque, como reconoce, el resultado deportivo pasa a un segundo plano cuando la razón de ser de la jornada es otra.

Terminado el cuarto animal llegó otro de los momentos tradicionales: la cueca, la entrega de premios y posteriormente la rifa anual de la corporación.

La tómbola puso la cuota de emoción entre los asistentes, con premios en dinero que tuvieron como principal incentivo los 600 mil pesos destinados al primer lugar. Muchos de los ganadores estaban presentes y recibieron sus premios en medio de la alegría general.

Así, el rodeo se fue apagando lentamente mientras el casino seguía siendo punto de encuentro. Para la Corporación Miguel Ángel Galilea, era mucho más que cerrar una jornada deportiva: significaba volver a cumplir con una tradición que ya suma doce años.

Porque el rodeo de Paillaco tiene algo de “pichanga”, como le gusta definirlo a sus organizadores, pero también mucho de reencuentro. No pretende transformarse en un club ni entrar al circuito oficial. Su razón de ser está precisamente en conservar ese carácter abierto, donde huasos pertenecientes a distintos clubes y asociaciones pueden encontrarse antes de que comience oficialmente la temporada.

Y allí está quizás su mayor valor.

Cada septiembre, antes de que el calendario corralero tome velocidad, la medialuna “Adolfo Melo Arens” se convierte en un punto de reunión para quienes entienden que el rodeo también es amistad, memoria y solidaridad.

Doce años después de la partida de Miguel Ángel Galilea, sus amigos siguen encontrándose a caballo para recordarlo. Y mientras haya una collera entrando a la medialuna, una cueca esperando después del cuarto toro y alguien necesitando una mano, el espíritu de aquel huaso paillaquino seguirá recorriendo, como antaño, los campos del sur.

Por www.caballoyrodeo.cl

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