La mayor crisis institucional de la historia de la Federación de Criadores

No cabe duda de que la Federación de Criadores atraviesa la crisis institucional más profunda de su historia. A los graves problemas financieros se suman profundos cuestionamientos éticos y de gobernanza que han deteriorado la confianza de las asociaciones y de los criadores. Los conflictos de interés parecen haberse transformado en una práctica habitual, más que en una excepción, mientras que las discrepancias se perciben como una amenaza y no como un elemento propio de una institución democrática.

La principal fuente de financiamiento de la Federación ha sido históricamente la Semana de la Chilenidad. Desde la pandemia, su organización quedó bajo la responsabilidad del hoy director designado, Cardemil. Sin embargo, lejos de recuperar los niveles de ingresos que caracterizaron esta actividad durante años, sus resultados económicos se han deteriorado de manera sostenida.

El primer año posterior a la pandemia los resultados estuvieron muy por debajo de lo esperado, profundizando el impacto financiero que ya habían provocado la pandemia y el estallido delincuencial. Lamentablemente, los años siguientes no mostraron recuperación; por el contrario, los excedentes generados por la Semana de la Chilenidad fueron disminuyendo progresivamente, debilitando cada vez más la capacidad económica de la Federación.

Según los antecedentes expuestos por el tesorero en el último Consejo Superior, el resultado del último ejercicio fue incluso peor que el registrado durante el año de la pandemia, cuando ni siquiera pudo realizarse la Semana de la Chilenidad. Es decir, habiéndose efectuado el principal evento generador de recursos de la institución, el resultado económico terminó siendo inferior al de un año en que dicha actividad simplemente no existió.

Durante varios Consejos Superiores se solicitaron medidas concretas para revertir esta tendencia. Sin embargo, esas advertencias fueron sistemáticamente desatendidas y el señor Cardemil continuó al mando de la actividad. La pregunta inevitable es

¿Por qué?

Lo preocupante es que, cuando los recursos escasean, cobra especial sentido el conocido dicho, repetido incluso por el propio presidente de la institución, “quien tiene la plata pone la música”. Hoy los criadores estamos escuchando la peor de las melodías, asociaciones sin certezas de recibir los aportes económicos comprometidos por la Federación y con un futuro financiero cada vez más incierto.

Con preocupación observo que, producto de esta realidad económica, ninguna asociación quiso asumir la organización de la Final Nacional. A ello se sumó otro elemento imposible de ignorar, la manifiesta voluntad del propietario de Santa Ana y presidente de la Federación de que dicho evento se realizara en Cabrero. La decisión de las asociaciones resulta comprensible. La inmensa mayoría cumple un rol eminentemente cultural, promoviendo la crianza del Caballo Chileno y nuestras tradiciones, más que desarrollando actividades destinadas a generar utilidades.

A esta delicada situación se suma un hecho ampliamente conocido, el interés del presidente de la Federación por concentrar las principales actividades institucionales en Cabrero. Frente al deterioro económico de las asociaciones y al escaso incentivo para organizar eventos deficitarios y no ser la piedra de tope de la voluntad del presidente, estas fueron desistiendo de postular.

Antes de que ello ocurriera, el propietario del Santa Ana habría impulsado gestiones para que socios de criaderos de Concepción presionaran al presidente de esa asociación, señor Torres, con el propósito de que postulara a la organización de la Final Nacional, ofreciendo beneficios e incentivos que, lamentablemente, parecen estar convirtiéndose en una práctica habitual. Al no prosperar esa iniciativa, la estrategia habría derivado en promover un adelantamiento de elecciones, con el evidente propósito de que una nueva directiva estuviera dispuesta a aceptar dicha postulación.

Finalmente, la ausencia de postulantes y el complejo escenario económico llevaron al directorio a resolver que tanto la celebración de los 80 años de la Federación como la Final Nacional se realizarán en Cabrero. Una vez más, la decisión del directorio terminó coincidiendo plenamente con la voluntad de su presidente.

La reciente creación de asociaciones en el extremo norte del país genera, además, una situación particularmente significativa. Cabrero pasa a ubicarse prácticamente en el centro geográfico de las asociaciones de la Federación, coincidiendo con un antiguo anhelo del actual presidente. Al mismo tiempo, la urgencia manifestada por la propia presidencia de abandonar las actuales oficinas de la Federación hace surgir una pregunta inevitable: ¿terminará Cabrero transformándose en la nueva casa de la Federación?

Lo verdaderamente preocupante es que todos estos hechos no pueden analizarse de manera aislada. Conforman un cóctel institucional tan perverso como peligroso, una mayoría consolidada en el directorio; una creciente mayoría de asociaciones alineadas con la administración, por incentivos o presiones; la precaria situación económica que hace a muchas asociaciones depender cada vez más de los recursos de la Federación; profundos cuestionamientos éticos y conflictos de interés; la persecución, marginación o descalificación de quienes piensan distinto o se atreven a manifestar sus discrepancias; y, paralelamente, la tramitación de un reglamento que regulará las inscripciones de nuestra raza, una de las materias más trascendentes para el futuro del Caballo Chileno.

Cuando el poder político, el poder económico y el poder normativo comienzan a concentrarse en las mismas manos, desaparecen los contrapesos que toda institución necesita para mantenerse sana. El debate se empobrece, la libertad para disentir se debilita y las decisiones dejan de construirse sobre amplios consensos para responder a mayorías circunstanciales.

Las instituciones fuertes no temen a las diferencias; las promueven. La crítica responsable fortalece, el debate enriquece y la diversidad de opiniones evita los errores. En cambio, cuando quienes piensan distinto sienten que serán marginados, desacreditados o perseguidos, el problema deja de ser administrativo o financiero, se transforma en una profunda crisis institucional.

Las instituciones se fortalecen con transparencia, independencia, pluralismo y equilibrio de poderes. Cuando esos principios comienzan a debilitarse, el patrimonio más valioso que poseen, la confianza de sus asociados, empieza también a desaparecer.

Hoy no solo está en riesgo una institución. Está en riesgo la credibilidad de la Federación, la unidad de los criadores y el futuro del Caballo Chileno. Porque nuestro Caballo pertenece a todos los criadores, no a una mayoría circunstancial, no a un directorio y, mucho menos, a una sola persona.

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